Capítulo 3. El verbo

Capítulo 3. El verbo

 

Hasta ahora, creo que te he convencido de que los sustantivos existen. ¿Sucede lo mismo con los verbos? A los verbos sólo podemos verlos en acción. Son la energía de las cosas. La materia son los sustantivos y la energía son los verbos. No puede existir una parte sin la otra.

La actividad del verbo sucede desde lo infinitamente grande hasta lo infinitamente pequeño. En el Universo existen galaxias, nebulosas y supernovas construyéndose y destruyéndose, generando nuevas estrellas y haciendo a otras desaparecer. En el mundo de lo microscópico, las células y los átomos de los que ellas se forman son como pequeños sustantivos siempre ligados a un verbo. Por ejemplo, dos átomos de hidrógeno encuentran a un átomo de oxígeno. Después de encontrarse, se unen entre sí. Entonces forman una molécula de agua.  ¿Te das cuenta? Los verbos encuentran, unen y forman  hacen que los sustantivos se conviertan en otra cosa: de ser hidrógeno y oxígeno se convierten en agua. Algo parecido sucede si lavas, picas, mezclas, fríes y hierves unas verduras. Ya no son verduras, sino sopa de verduras. ¿Cuántas acciones tuviste que realizar para lograr esta conversión?

En el mundo de lo mediano también se observa la acción.  Por un momento piensa en tu cuerpo. Cada uno de sus órganos actúa en tu beneficio. El corazón late, el estómago digiere los alimentos, los pulmones se llenan de oxígeno. Los ojos observan, se cierran, se abren, buscan, lloran. La boca come, besa, muerde, habla, bosteza. Las manos escriben, golpean, aplauden, recortan, abren, empujan, acarician. Los pies corren, caminan, saltan, dan patadas, bailan, se tropiezan. Todo el cuerpo es acción, toda acción es un verbo. Es entonces cuando el cuerpo –la materia –se convierte en energía.

Pero, ¡atención! No todos los verbos nos refieren a acciones. El verbo ser y el verbo estar nos ayudan a entender cómo es o dónde está el sustantivo que ocupa el lugar de sujeto de una oración. “La ciudad es enorme” es una oración en la que el verbo ser toma “de la mano” al adjetivo enorme y entonces sabemos algo sobre la ciudad. Es y era, está y estaba nos ayudan a describir una situación. Pero hay una diferencia entre ser y estar. El verbo ser habla de lo que permanece a través del tiempo: Puedo decir que soy mexicano y eso no va a cambiar, o que soy tu amiga y puedes considerarme amiga para siempre. El verbo estar se refiere a un momento en específico: “¿Estaremos aquí para siempre?”  Estoy en mi casa, pero al rato voy a salir. Estamos felices, pero tal vez mañana no sea así.

 

Los verbos y el tiempo

 

El verbo está ligado al tiempo: a veces indica lo que es, a veces lo que fue o lo que será. El verbo sucede pero también es: puede describir un estado o una esencia. Lee el siguiente pasaje de “Los chícharos” del cuentista danés Hans Christian Andersen y fíjate en lo que expresan los verbos:

Había una vez cinco chícharos en una vaina. Eran verdes, la vaina era verde y, por conclusión natural, creían  que el mundo entero también era verde. La vaina creció, así como los chícharos  crecieron  en fila del uno al cinco dentro de la vaina. Y así como iban creciendo, una inquietud los iba invadiendo:

            “Me parece que debe haber algo afuera. Casi estoy seguro de ello,”  pensaba uno.

            “¿Estaremos aquí para siempre?” pensaba otro.

                        Pasó el tiempo. Los chícharos y la vaina se  volvieron amarillos.

            “El mundo se está volviendo amarillo,” exclamó un tercer chícharo.

            De repente, los cinco sintieron un jalón. Una mano humana había arrancado la vaina de la planta.

“Sí, hay algo más afuera,” gritó un cuarto chícharo. Y el quinto de ellos les aseguró que pronto la vaina sería abierta.

En este breve relato hay verbos en presente, en pasado o pretérito y en futuro. Algunos de ellos son simples como “estoy” o “creció” y otros compuestos como “había arrancado” o “debe haber”. Pero no te preocupes por ello: lo importante de este relato es que te imagines que eres uno de los chícharos, todo rodeado de una vaina verde, y vuelvas a leerlo.

 

El tiempo es tan importante para el verbo que en muchas ocasiones usamos expresiones que nos ubican en el momento de su acción. Algunas de estas expresiones nos remiten al pasado o pretérito, por ejemplo cuando dices:

Ayer, cuando vino mi abuelita, le di su regalo.

            Cuando yo era chico, jugaba al trompo o a las canicas. Ahora los niños se entretienen con otros juegos.

 

Otras expresiones nos ubican en el presente, como por ejemplo:

            Hoy en día, la vida es más cara que antes.

            Cada año desaparecen miles de kilómetros cuadrados de selvas.

 

Y otras más nos lanzan al futuro, como cuando dices:

Cuando sea grande voy a ser bombero.

            Tus amigos llegarán en cualquier momento.

 

Las expresiones “hoy en día” y “cada año” son adverbios de tiempo. En el capítulo 7 volveremos a hablar de las palabras que acompañan al verbo: los adverbios.

No Comments

Post A Comment