Capítulo 4. Verbos fuera del tiempo: Infinitivo, Gerundio y Participio

Capítulo 4. Verbos fuera del tiempo: Infinitivo, Gerundio y Participio

A la víbora, víbora de la mar, por aquí pueden pasar…los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán…tras, tras, tras.

                                                              Ronda infantil que se jugaba en el siglo XX

 

¿Alguna vez te has acostado bajo un árbol frondoso? Si alguna vez lo has hecho te habrás dado cuenta de que el tronco principal del árbol se separa en varias ramas. Y éstas a su vez se separan en ramitas. De las ramas más finas nacen las hojas del árbol, todas muy parecidas pero no idénticas. Así son los verbos: se pueden clasificar, se parecen pero no son idénticos.

Imagínate que todos los verbos conjugados –aquellos que tienen modo, tiempo, número y persona –son hojas de un árbol que nacen de la misma rama.

Yo soy

Tú eres

Él/ella es

Nosotros somos…

Pero existe otra rama principal en el árbol de los verbos. Es la rama de los verbos no conjugados en el tiempo, también llamados verboides o formas no personales del verbo. Estos verbos son muy libres porque para ellos no existe el tiempo. Suena complicado, pero es tan fácil como decir “A correr”, “A Dios rogando y con el mazo dando”, “Lo hecho, hecho está”.

 

El primer ejemplo de ellos, correr, se llama infinitivo. Comer, dormir y soñar son ejemplos de la rama del infinitivo. Cuando jugas usas el infinitivo, pues es una de las formas verbales que más fácilmente se aprenden. ¿Cuántos infinitivos puedes encontrar en esta conversación?

-Vamos a jugar.

-¿Jugar a qué?

-A mandar un mensaje secreto.

-Lo voy a escribir y tú lo tienes que descifrar.

-Pues va.

 

Si dijiste que hay cuatro infinitivos en el diálogo anterior estás en lo correcto. Estos infinitivos son jugar, mandar, escribir y descifrar.

A veces el infinitivo funciona como sustantivo. Se dice que se sustantiva. Acuérdate que la gramática está viva y que no siempre es lo que parece. Así sucede en la expresión: “Correr con Androcles es mi ejercicio favorito”. O en esta otra: “Es imposible dormir de pie.”

El infinitivo también puede usarse para dar órdenes y sugerencias. “¡A correr!” es un ejemplo de lo anterior. Pero este uso del infinitivo puede cambiarse por un verbo en otro modo –de la otra rama del árbol de los verbos, por supuesto –Este modo es el imperativo, el modo del general. No es lo mismo decir “A correr” que decir “¡Corre!”, en modo imperativo.

Te habrás dado cuenta de que los infinitivos terminan en –ar, –er o –ir.

 

El gerundio es la segunda rama de este tipo de verbos a los que no les importa el tiempo. “A Dios rogando y con el mazo dando” es un refrán que tiene dos gerundios. El refrán quiere decir que no es suficiente pedirle a Dios que nos ayude; también nosotros tenemos que hacer algo para lograr nuestros propósitos, ayer, hoy o mañana. ¿Ya encontraste los gerundios en el refrán? Claro, son  rogando y dando.

Muchas veces el gerundio se usa para describir cómo es la acción del verbo, como cuando dices  “llegó corriendo, “voy llegando”, o como cuando te sucede que buscando el trompo perdido, encuentras en tu cajón de juguetes un yo-yo o un guante de beisbol.

Tal vez te acuerdes del juego que decía:

Jugaremos en el bosque, mientras que el lobo no está,

Porque si el lobo aparece a todos nos comerá.

Lobo, lobo ¿estás allí?

Sí.

¿Qué estás haciendo?

Estoy preparando el desayuno.

 

En el juego original, cuando el lobo decía “estoy listo para salir”, los participantes corrían a esconderse.

En “estoy preparando el desayuno” el gerundio se acompaña del verbo “estar” conjugado en presente. Es común que se acompañe también con el mismo verbo en pasado, como en el siguiente diálogo:

-¿Por qué llegaron tarde a la escuela?

-Estuvimos esperando el camión mucho rato en la parada.

 

El gerundio es la hoja del árbol de los verbos que en otoño tarda más en caer porque expresa una acción continuada. Prueba de ello es la siguiente descripción:

             ¿Has observado un hormiguero? Multitud de hormigas entrando y saliendo del montículo de arena que todas han ayudado a acumular;  siempre en fila perfecta, ejecutando su labor incansablemente, acumulando alimento, defendiendo el hormiguero y alimentando a las crías. Eso es un hormiguero. Hormigas guerreras y hormigas constructoras. Hormigas defendiendo el hormiguero y hormigas construyéndolo. Unas y otras muy parecidas pero con diferente actividad. Las he visto buscando su sustento, trabajando  para la comunidad, como inventoras de una gran ciudad.

¿Las terminaciones del gerundio? Son fáciles. Búscalas en la descripción del hormiguero: ando, iendo, yendo.

 

La tercera hoja de la rama de los verbos que no se conjugan o que no conocen el tiempo es el participio. “Lo hecho, hecho está”, es un refrán con participio. Este refrán quiere decir que no podemos cambiar el pasado; si la copa se ha roto, por ejemplo, no hay manera de arreglarla. El participio nos habla de algo ya completo, terminado o de un suceso imprevisto que ha sucedido, como en el siguiente diálogo:

-¿Qué ha pasado?

-¿Nadie te ha dicho? Pedrito se perdió y hasta ahora no le hemos encontrado.

Seguramente puedes identificar los tres participios en el diálogo: pasado, dicho, encontrado. A diferencia del infinitivo y del gerundio, el participio sí puede tener género y número. Puede ser encontrado o encontrada, encontrados o encontradas.

Cuando está solo, el participio puede describir al sustantivo. Entonces funciona como adjetivo calificativo. Lee el siguiente ejemplo:

 

                        “La puerta rota, la chapa forzada, el cofre abierto y las joyas desaparecidas. Aladino, desesperado, bajó la vista siguiendo la pista del extraño. ¿Sería el hombre que lo había acompañado hasta las puertas de la ciudad? Sólo él sabía su secreto: el secreto de la lámpara encontrada en el desierto”.

 

Aquí los sustantivos puerta, chapa, cofre, joyas, Aladino y lámpara van acompañados cada uno de un participio. Estos participios nos dicen cómo son los sustantivos o lo que les ha pasado: la puerta rota, la chapa forzada, el cofre abierto, etc.; como cuando decimos: “el anuncio impreso en rojo”.  Acuérdate que el participio puede ser masculino como en “el cofre abierto” o femenino como en “la puerta rota”. También puede ser singular o plural como en “las joyas desaparecidas”.

Ado, ido, to, so cho son las terminaciones del participio. ¿Cuáles de estas terminaciones encuentras en el párrafo anterior? ¿O ya estás tan desesperado como Aladino?

 

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