Gramática Viva – Capítulo II

Gramática Viva – Capítulo II

Colectivos, plurales y gentilicios. Clasificaciones.

¿A qué grupo pertenece el sustantivo?

 

 

“Un día terminará esta terrible guerra; un día seremos personas como los demás y no solamente judíos”.

Diario de Ana Frank.

 

¿Te gustan los viajes? A mí me fascinan porque puedo conocer muchos lugares, animales y personas nuevos. ¡No hay que ir demasiado lejos para apreciarlos! Si vas a la granja verás rebaños, manadas y piaras. ¿Te has acercado a un enjambre?  ¿Alguien te ha dicho que a veces las parvadas cruzan el cielo? ¿Sabes cuál de los lobos es el jefe de la jauría? ¿Sabes lo que es un cardumen?

 

Cardumen, piara, recua, parvada, son sustantivos que usamos para designar grupos de animales. Así, en lugar de “el grupo de peces”, decimos el cardumen. La piara son los cerdos y la recua los burros. El enjambre es una comunidad de abejas y las parvadas son grupos de aves de la misma especie. Jauría es un grupo de perros y cuando decimos la gente, nos referimos a un grupo de hombres y mujeres. Estos sustantivos se llaman colectivos porque designan a una comunidad o conjunto de individuos afines.

 

Entonces, los sustantivos también nos sirven para agrupar los seres que son semejantes. Agrupamos las cosas para saber dónde encontrarlas, porque ¿qué pasaría si al abrir el cajón de tu clóset que dice “calcetines” encontraras listones? Calcetines y listones designan grupos de más de un objeto, y por eso se llaman plurales.

 

También los colectivos designan conjuntos, pero son palabras en singular. Decimos “la gente entró al cine”, “la parvada cruzó el cielo” y no “la gente entraron al cine” o “la parvada cruzaron el cielo”. En cambio, cuando usas los plurales éstos concuerdan con un verbo en plural, por ejemplo cuando dices “estos calcetines apestan” o “los listones rojos son más nuevos que los verdes.” Yo soy, tú eres, él es, ella es, nosotros somos…..esas son las concordancias, un sustantivo con un verbo.

 

Los sustantivos colectivos y plurales nos sirven para clasificar las cosas. Pero también nos sirven para nombrar grupos más reducidos y definidos. Cuando eras pequeño  llamabas a los perros “guaguás”. Tal vez les decías así también a otros animales. Más tarde les llamaste simplemente “perros” y,  gracias a que empezaste a apreciar  sus características particulares ya los podías distinguir de las cabras o los borregos. Poco a poco fuiste distinguiendo las razas de perros. De la misma forma en que empezaste a ver las diferencias entre un camión de pasajeros y uno de carga, aunque los dos fueran transportes, dejó de ser lo mismo un poodle que un collie, un pastor que un callejero.

 

Los sustantivos fueron haciéndose cada vez más precisos para ti; fueron reuniendo grupos de cosas de menor número de miembros pero con más características. A manera de ejemplo, estarás de acuerdo con que, aunque una sopa de verduras y una hamburguesa doble lleven las dos la etiqueta comida, no es lo mismo una que la otra. Sus características son definitivamente diferentes. Sucede lo mismo con Androcles. Es un perro, pero también es un labrador. ¿Para qué darle otro nombre además de “labrador”? ¡Porque no existe ninguno como él! Él es el único que me está esperando cuando llego a casa. Sólo él ha mordido mis pantuflas y se ha subido a mi cama.

 

Los sustantivos son las etiquetas de nuestro pensamiento: nos ayudan a ordenar y a clasificar cosas. Si en la escuela te preguntan cómo nacen los mamíferos y tú no sabes lo que es un mamífero, es porque no has puesto la etiqueta adecuada a los animales adecuados. En este caso, no has etiquetado como mamíferos a todos los gatos, perros, osos, ardillas, caballos, ratones, ballenas y a todos los demás animales que nacen de su madre y se alimentan de su leche.

 

Ahora imagina que dejamos la granja donde comenzó nuestro viaje y que continuamos nuestro viaje… ¡en globo! Desde las alturas habría muchos objetos que llamar con sustantivos colectivos y plurales: un caserío o un rebaño aquí y allá, caminos, ríos, puentes y montañas. Si siguiéramos nuestro curso a poca altura, podríamos ver también gente. Quizá veríamos pastores con sus rebaños, campesinos trabajando la tierra, conductores de coches y de camiones o alpinistas colgando de una roca en la montaña. Todos son personas, pero reciben nombres particulares según su ocupación. ¿Se parece un carpintero a un lechero? ¿Podría un astronauta compararse con un pastelero?  Sucede algo parecido con las razas de perros: unos son buenos cazadores y otros buenos guardianes. Estos sustantivos  nos dicen más de lo que los sustantivos hombre, mujer o perro pueden decir. Ya no es sólo un hombre, sino un astronauta. Ya no es sólo una mujer, sino una guerrera. Ya no es un perro, sino que es un buen guardián.

 

Hay muchos otros sustantivos que se pueden agregar a los sustantivos comunes mujer, hombre, niño o anciano. Son los aquellos que nos dicen en qué país nació esa persona, o cuál es su grupo de referencia por su idioma, su religión o sus costumbres. Usamos sustantivos gentilicios para hacer conjuntos de personas a gran escala. Los gentilicios pueden ser relativos a un país, a un estado o ciudad o a una región. ¿Cuál es el gentilicio del lugar donde tú habitas? En México tenemos los gentilicios que se refieren a los habitantes de los estados de la república; por ejemplo, en el norte los sonorenses, los tamaulipecos y los bajacalifornianos, y en el sur los guerrerenses, los oaxaqueños y los chiapanecos. Entre otros. A los grupos indígenas que viven en diferentes partes del país también los llamamos con gentilicios: los mazahuas, los tarahumaras, los otomíes, los zapotecos, los triques y los mayos, por mencionar algunos.

 

Si viajáramos mucho, mucho, hasta alcanzar el límite de nuestro país, México, ¿podríamos ver la línea de la frontera como se ve en los globos terráqueos o en los mapas? Una frontera es la línea imaginaria que separa un país de otro; y también es un sustantivo. Muchas veces los ríos o las cordilleras señalan el lugar de la línea fronteriza. Ríos y montañas son barreras naturales; pero también existen barreras artificiales. Cuando los países han tenido que defenderse de países enemigos, construyen muros donde se imaginan esa frontera. Es así como se crean las barreras artificiales.

 

Hace muchos siglos los chinos construyeron la Gran Muralla para defenderse de otros pueblos que no eran como ellos. Los “otros” no eran chinos: eran mongoles, hunos o japoneses. Chinos, alemanes, portugueses, japoneses, argentinos, mexicanos, todos somos humanos, pero recibimos diferentes nombres por el lugar donde nacimos o donde nacieron nuestros padres y abuelos.

 

Si desde el globo observáramos las estrellas, nuevos gentilicios vienen a la mente. En muchas historias de ciencia ficción, los hombres o terrícolas se ven enfrentados con seres de otros planetas. Algunos de ellos son marcianos o venusinos. Inventamos estos gentilicios para imaginarnos a seres diferentes de nosotros. El marciano puede ser verde; el venusino puede tener un solo ojo colgando en el extremo de una de sus antenas. Esta capacidad para crear con la mente nos ayuda a superar fronteras, porque en verdad para la imaginación no existen fronteras.

 

Para terminar este capítulo te diré que a veces lo que antes no era un sustantivo puede serlo. ¿Cómo puede suceder esto? Sucede cuando tomamos una característica de un objeto o de una persona como el objeto o la persona misma. Tal característica se convierte en sustantivo cuando colocamos un artículo antes de la palabra que la representa. Así, el niño perezoso se convierte en el perezoso. ¿A algunos de tus compañeros de colegio los llaman con apodos? Muchos apodos se forman con un adjetivo y un artículo determinado: “La flaca siempre es la primera”, ¿Va a venir el güero? Entonces se dice que los adjetivos “se sustantivan”, se hacen sustantivos. Puedes leer más sobre esto en el capítulo 9 sobre pronombres y artículos.

 

No te lo había dicho, pero lo mismo sucede con los gentilicios. En lugar  de decir una mujer mexicana decimos una mexicana. Cuando dices que los brasileños juegan mejor fútbol que los coreanos, realmente estás diciendo que los jugadores brasileños juegan mejor que los jugadores coreanos. ¿No es así? Por eso, si alguien quisiera sorprenderte diciéndote: ¡Cuidado! ¡Ahí vienen los cazafantasmas! ¿Qué te imaginarías? ¿Personas? ¿Seres sobrenaturales? ¿Máquinas? Te haría falta el sustantivo al que se le puede aplicar la cualidad de cazar fantasmas.

 

¿Te acuerdas?

¿Cómo se dice: “El rebaño cruzó el río” o “El rebaño cruzaron el río?

¿Se escriben con mayúscula inicial los sustantivos gentilicios?

¿Cómo se pueden “sustantivar” los adjetivos?

 

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